Por Jaume Domènech

Con el desembarco en Playitas de Cajobabo, cerca de Baracoa, en un bote de remos, bajado al mar desde el Nordstrand, el buque alemán del capitán Heinrich J. Th. Lowe, que ha conducido a los revolucionarios hasta las costas de Cuba, comienza el viaje a la independencia. En el bote viajan José Martí, Máximo Gómez, César Salas, Ángel Guerra, Paquito Borrero y Marcos del Rosario.

En su diario, ese mismo día 11, Martí escribe la bitacora:

“Bote. Salimos a las once. Pasamos rozando a Maisí, y vemos la farola. Yo en el puente. A las siete y media oscuridad. Movimiento a bordo. Capitán conmovido. Bajan el bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras, la Playita (al pié de Cajobabo). Me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande. Viramos el bote, y el garrafon de agua. Bebemos Málaga. Arriba por piedras, espinas y cenagal. Oímos ruido y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo.”

Me pregunto si se puede comenzar una insurrección, una guerra, de un modo más poético, más acético, más decidido y más valiente.

El diario se extiende a lo largo de los últimos 38 días de la vida del Apóstol. Solo faltan las anotaciones del día 6 de mayo, ausencia nunca suficientemente explicada, y que corresponden al encuentro-desencuentro en la finca La Mejorana entre Máximo Gómez, José Maceo y el propio Martí, entre la visión y estrategia puramente militar. La política de la insurrección y la praxis del día siguiente a la victoria.

Martí anota el 17 de mayo, por última vez, en el diario :

“Gómez sale, con los cuarenta caballos, a molestar el convoy de Bayamo. Me quedo, escribiendo con Garriga y Feria, que copian las instrucciones generales a los jefes y oficiales…”.

Es el político y el militar el que redacta esa circular sobre la conducción de la guerra, acampado en Dos Ríos, en el rancho de Rosalio Pacheco. Y el 18, día anterior a su muerte, escribirá su carta, casi testamento, al amigo Manuel Mercado:

“Yo estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos para realizarlo– de impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy y haré, es para eso… Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David… Solo defenderé lo que tenga yo por garantía o servicio de la revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad”.

Recreación del desembarco de Martí en Cuba.

El 19 de mayo se aproximaba la tragedia, junto al catalán Bartolomé Masso y Máximo Gómez, arenga a la tropa. Se ha avistado una columna española de unos 600 hombres al mando del coronel José Ximenez de Sandoval en la confluencia de los ríos Couto y Contramaestre. Gómez pide a Martí que se mantenga en la retaguardia, y dirá más tarde :

“Sé arengó a la tropa y Martí habló con verdadero ardor guerrero; ignorando que el enemigo venía marchando por mi rastro y que la desgracia preparada a nosotros y para Martí, la más grande desgracia… Y Martí, que no se puso a mi lado, cayó herido o muerto en lugar que no se pudo recoger…Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del alzamiento “.

Martí había cabalgando sobre su caballo blanco Baconao y en compañía de su asistente Ángel de la Guardia, para enfrentar las tropas españolas. Tres disparos en el pecho acaban con su vida; su asistente sale ileso y Baconao recibe un disparo que entra por el vientre y sale por su anca. El caballo se salva se recupera y Máximo Gómez ordenará soltarlo en la finca Sabanilla, con la prohibición expresa de que nadie lo montase más.

La tropa española identifica el cadáver, lo coloca a lomos de un caballo y lo conducen al poblado de Remanganaguas. El día 26 y procedente de Palma Soriano, el cadáver llega en tren a Santiago de Cuba y se le entierra en el cementerio de Santa Ifigenia.

El coronel José Ximenez de Sandoval que rindió honores al mártir, y recogió sus pertenencias, entre ellas el manuscrito inconcluso de la misiva a Manuel Mercado, escribió años después del infausto día, a Gonzalo de Quesada y Aróstegui:

“Respecto de la sortija de hierro que dice llevaba Martí debió serle quitada cuando le despojaron del revólver, reloj, cinto, polainas, zapatos y papeles, puesto que cuando yo encontré su cadáver y lo identifiqué, le mandé a registrar sin apearme del caballo, no encontrando le más que la moneda de 5 duros americana, tres duros en plata, la escarapela, la carta en lápiz de la hija de Máximo Gómez con la cinta azul y la carterita de bolsillo.”

La escarapela se dice perteneció al prócer Carlos Manuel de Céspedes, y la carta de Clemencia, la hija de Gómez a Martí, decí :

“Martí: No tengo un recuerdo que darte. Así quito la cinta de mi cabello que tiene todo el fuego de tantos pensamientos y un color de nuestra bandera y eso solo te llevarás de tu hermana.”

El 19 de mayo de 1895, en un domingo de luz, montado sobre su caballo Baconao, decidido a darlo todo por la patria y con el sol en la frente, muere en combate, en Dos Ríos, José Martí Pérez, héroe de la independencia cubana y símbolo de la rebeldía latinoamericana y caribeña antiimperialista, cuyo legado es más vivo, universal y vigente que nunca.

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Jaume Doménech Ambientalista

RETRATO

“José Martí”, por Cris González