Los efectos en Bolivia de la guerra comercial entre EE.UU. y China

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Por Gabriel Loza

La economía mundial atraviesa por una etapa crítica, caracterizada por la agudización de las tensiones comerciales y tecnológicas y por la supremacía de los intereses nacionales que ponen en riesgo el orden multilateral prevaleciente después de la Segunda Guerra Mundial, la coexistencia de las tres grandes fábricas mundiales: EE.UU., Europa y China y los avances en la globalización.

A diferencia del pasado, en que eran los países en desarrollo los que no cumplían las “reglas multilaterales”, actualmente los Estados Unidos, cuna moderna del liberalismo, retornó a los viejos principios de la seguridad nacional para justificar la aplicación de medidas proteccionistas unilaterales, discriminatorias y discrecionales al comercio de bienes, servicios, tecnología y flujos de trabajadores.

Los inicios de la guerra comercial

La guerra comercial entre EE.UU. y China formalmente se inició en marzo de 2018, con la imposición por parte de EE.UU. de aranceles a las importaciones de aluminio y acero procedentes de China. Como reacción, la llamada Ley del Talión, Beijing cayó en la estrategia de Washington al ampliar la represalia comercial a 128 líneas arancelarias o productos.

Y ahí empezaron las batallas, con la aplicación de aranceles a las importaciones desde China, de 34 mil millones de dólares en julio a 16 mil millones de la misma moneda en agosto, y las represalias de China fueron equivalentes, como se observa en el gráfico.

Sin embargo, en el tercer combate, el 25 de septiembre de 2018, EE.UU. aplicó un arancel del 10% para 5.745 productos por un valor de 200 mil millones de dólares y el 15 de mayo de 2019 elevó el arancel al 25% para las importaciones para dicho monto. China aplicó contramedidas en septiembre por un valor de 60 mil millones de dólares con 5% del arancel a 1.600 productos y 10% del arancel a 3.500 productos; y el 15 de mayo de 2019, subió el arancel a 25% para 2.493 productos y para otros 2.500 productos aplicó aranceles entre 5% y 20%. 

Trump dijo que los Estados Unidos inmediatamente buscarán aranceles adicionales en unos 300 mil millones de dólares de las importaciones chinas si Beijing contraataca contra la industria y los agricultores norteamericanos. El último lote de aranceles, junto con las rondas previas, cubriría todos los productos que EE.UU. importa de China, equivalentes a 539 mil millones de dólares en 2018, y en el caso de China a casi la totalidad de las importaciones procedentes de EE.UU., avaluadas en 120 mil millones de dólares.

EE.UU. perdió el liderazgo como principal exportador mundial de manufacturas con China y los pronósticos apuntan a que el 2030 el país asiático superaría en cuanto al PIB a su par americano. Todo parece indicar que su agresiva política comercial está siendo conducida por la declinación de su liderazgo.

El efecto de la guerra comercial

A nivel mundial, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), los efectos adicionales de los aranceles recientemente anunciados y los nuevos aranceles previstos entre Estados Unidos y China, se espera que se propaguen a todo el comercio entre los dos países, restarán aproximadamente un tercio de un punto porcentual al PIB mundial a corto plazo. El impacto de la guerra comercial en el largo plazo, según estimaciones del FMI, no sería tan relevante como uno espera. Así, el PIB de Estados Unidos se situaría 1% por debajo del valor antes de las hostilidades, mientras que el de China se ubicaría 0.5% por debajo. El PIB mundial se reduciría 0.4% a largo plazo y los socios del T-MEX serían los más perjudicados con una disminución de 1.5% por debajo del valor sin aranceles.

El efecto Trump ya se observó en el primer trimestre de 2019 con una disminución de su déficit comercial con China en 12.2%, debido a una caída de sus importaciones en 13.9%. No obstante, como consecuencia de las represalias, las exportaciones de EE.UU. a China se desplomaron en 18.8%.

Guerra tecnológica

La guerra comercial en realidad encubre la llamada guerra tecnológica. El detonante fue el Plan Made in China, anunciado en 2015, sobre el liderazgo tecnológico e industrial para ese año. El reporte de la Casa Blanca encontró seis categorías de agresión económica que no están prohibidas en ningún tratado multilateral: protección del mercado interno, expansión en mercados globales, control de recursos naturales, dominio de la industria manufacturera, adquisición de tecnologías claves y propiedad intelectual y la captura industrial de alta tecnología.

La guerra tecnológica declarada por Trump, a mediados de mayo de 2019, contra “adversarios extranjeros”, concretamente a las empresas chinas de telecomunicaciones como Huawei, líder en la provisión de redes inalámbricas, permite la aplicación de medidas unilaterales, manejadas discrecionalmente, que pueden llegar a prohibir o lograr mejores condiciones en los que se refiere a la adquisición, importación y transferencia de tecnología de información y comunicación, bajo la excusa de la amenaza a la seguridad nacional. Este “telón digital” podría tener fatales consecuencias como la división del mundo en dos bloques tecnológicos: EE.UU. y China.

Los efectos en Bolivia

Por el tipo de inserción internacional de Bolivia, como exportador de commodities sujetos a bajos aranceles o aranceles cero, los cambios en la política comercial de las principales potencias tienen efectos directos marginales.

Desde el punto de vista de las exportaciones, EE.UU. es el sexto país de destino en importancia y China el octavo. Por el lado de las importaciones, China es el principal país de origen y Estados Unidos el quinto. Bolivia tiene un mayor grado de orientación de su comercio a la región, así Argentina y Brasil son sus principales socios comerciales, tomando en cuenta el comercio total, es decir, exportaciones más importaciones. En este mismo punto, China ocupa el tercer lugar con un 13.3% y más atrás está EE.UU. con un 6%.

La relación comercial es todavía superavitaria con Brasil y Argentina, mientras que es altamente deficitaria con China y desfavorable con EE.UU. Los efectos indirectos de la guerra comercial provendrán del impacto que tengan en la región, especialmente Argentina y Brasil.

Los efectos de la guerra comercial vienen más por el lado de las consecuencias en la disminución del producto y el comercio mundial y su impacto en los precios de los commodities. Lo que preocupa es la eventual incertidumbre económica que afecta los flujos comerciales y de inversiones.

La mayor inquietud para Bolivia son los precios del petróleo, que cayeron agudamente en el cuarto trimestre de 2018. El precio del petróleo WTI pasó de un mínimo de dos años de 42.5 dólares por barril en diciembre de 2018 a 66 dólares por barril a fines de abril, y cayó por debajo de los 60 dólares el 24 de mayo.

Lo que ocurra con la guerra comercial se verá, en el caso de Bolivia, en forma indirecta por el efecto contagio de Argentina y Brasil. Mientras tanto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) prevé para 2019 una caída del 1.8% del PIB en Argentina y un crecimiento del 1.8% del PIB en Brasil.

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Gabriel Loza Economista

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