Por Juan Carlos Pinto

Partidos, caudillismo y democracia representativa

La organización política en Bolivia, basada en la antigua ley de partidos políticos y luego complementada con la de agrupaciones políticas y pueblos indígenas, era el marco político de participación neoliberal, que básicamente contemplaba o legitimaba el caciquismo partidario, el dedazo, y tenía la consecuencia de que una parte de la ciudadanía para garantizar su derecho laboral se encuentre afiliada simultáneamente en todas las tiendas políticas posibles. El incumplimiento de las normas electorales por parte de los partidos políticos eran constante y se hacían patentes en los eventos electorales, y muchos además de ser permanentemente descalificados por no lograr el mínimo necesario de votación desaparecían como sigla política y tardaban años o buscaban sepultar institucionalmente los pagos y multas que debían pagar ante la Corte Electoral.

La nueva ley de organizaciones políticas en primera instancia responde a la nueva CPE, a la diversidad que somos, y a la pluralidad de posibilidades de decisión en el marco de la democracia intercultural. Si bien la CPE subraya que tenemos tres democracias en nuestra vida como país, asumimos institucionalmente de que la forma representativa es la preponderante en las decisiones fundamentales de la elección de autoridades. La nueva ley se ha enmarcado en el potenciamiento de la democracia representativa, postergando todavía la inclusión democrática intercultural; en ese camino incluso la noción partido se ratifica como preponderante y desaparece lo que se había convertido en la novedad histórica del proceso de cambio, como es la figura del Instrumento Político.

La democracia liberal, junto a la correlación de fuerzas interna en el país, buscó potenciar la figura universal del Partido y democratizarlo en el proceso de cambio. Ésta en si ya es un salto de calidad en la propia democracia representativa que se asentaba en la figura de los caudillos antes que en la calidad democrática de la representación. No podemos negar que es parte de la herencia colonial la figura caudillista de los liderazgos partidarios, y que a nivel político ha gestado la figura del populismo como una expresión política de la construcción social latinoamericana. Sin embargo, si bien no es con leyes ni decretos que la ciudadanía cambiará de forma de pensar en la construcción cultural de la democracia intercultural, sí generan nociones y directrices que apuntan en esa dirección. Son precisamente las elecciones primarias establecidas en la LOP, las que apuntan en ese camino.

El contexto político de las elecciones primarias

Lo que la geopolítica nacional establecía antes de que se convocara a las elecciones primarias, es que existía en el escenario político una sola organización política con representación nacional y que existían tenues intentos de construcciones partidarias y de agrupaciones opositoras que se habían constituido a partir de caudillos locales o departamentales, obteniendo espacios de poder intermedio en algunos departamentos y espacios locales, junto a una escasa representación parlamentaria. Junto a ellas, quienes empezaron a hacerse visibles mediáticamente a través del uso de las redes sociales, fueron las plataformas ciudadanas como expresión diversa de descontentos sociales, también de nuevas demandas agrupadas a nivel urbano, o la creación ficticia de partidos tradicionales que se enmascararon, e incluso juventudes en búsqueda de espacios nuevos de protagonismo.

La nueva ley y la convocatoria a las primarias, movió el tablero político y generó un proceso de reagrupación política. Entonces las alianzas y bloques partidarios, recién creados o de siglas históricas ya sin contenido ni partidarios que fueron ofertadas al mejor postor, fueron receptoras de algunas de las plataformas que rápidamente y en crisis de identidad tuvieron que optar por una forma partidaria de participación para disputar los nuevos liderazgos en la representación. Una gran parte de plataformas urbanas quedó al margen y en espera, como una buena parte de la clase media urbana, tradicional y la de creación nueva en el espectro del Proceso de Cambio. Seguramente como fue la afirmación de varios candidatos, con ellos se decidirá la votación urbana rumbo a las elecciones de octubre del 2019.

“La nueva ley y la convocatoria a las primarias, movió el tablero político y generó un proceso de reagrupación política”

También las primarias obligaron a acelerar el proceso de definiciones y de alianzas políticas, poniendo de manifiesto en primera instancia el que el MAS tiene fortaleza en torno a un liderazgo fundamental, una gestión en marcha que otorga resultados en la vida de la gente, y un programa de futuro. En el campo opositor, en principio factor de unidad no es otro que el “antievismo” y la negación por antonomasia de proponer un programa alternativo a través de su consigna-programa “Bolivia dijo NO” o “21F”, que ya no resultó como factor de unidad a la hora de ponerse de acuerdo en las expectativas de poder, generando disputas y rupturas. En teoría, precisamente las primarias hubieran ayudado a consolidar liderazgos internos, a expresar el grado real de representación que tienen determinados liderazgos y confrontarlos con otros con los que aparentemente comparten el rol opositor y antievista.

Sin embargo, los opositores optaron por una visión basada en su propio caudillismo, para no confrontar ideas que no tienen como programa, y para no expresar en números la escasa representación que sustentan. En este sentido quedaron 7 binomios que se confrontan a sí mismos, sin discusión alguna y sin deliberación sobre los contenidos de programa rumbo a las elecciones nacionales de octubre 2019. Sólo el MAS manifiesta la unidad construida en 13 años de gestión, con un programa y un liderazgo fundamental. Ahora bien, los binomios opositores optaron por quitarle importancia a este espacio de democratización interna, bajo la figura de que sólo sirve para “legitimar al binomio del MAS”, que en realidad sigue siendo el único concepto que los une, y por supuesto, la persistencia en sostener el sistema de caudillismo interno en la creación de sus organizaciones políticas, expresados en su mayoría en los longevos candidatos que tienen. Entonces se presentaron convocando a un voto simbólico que tan sólo los habilite para las elecciones de octubre.

El MAS y la votación en las primarias

En el caso del MAS, como representación de la renovación política y que sostiene un liderazgo histórico junto a una organización y un programa, que además en el proceso de reinscripción partidaria logró inscribir a cerca de un millón de militantes, se presentó el gran reto de lograr la mayor votación posible que exprese contundentemente a la mayoría que representa como militancia partidaria; lo que además significaría un adelanto electoral de octubre de 2019 de apoyo militante a la candidatura de Evo-Álvaro. Fue preponderante una visión exitista que apostaba a que la mayoría inscrita participaría militantemente, la realidad de los números quedó fijada en cerca de un 40% de votación, lo que sin duda hace al MAS la mayor organización política de la historia del país y que tiene un núcleo duro de militancia que será la fundamental para incidir en la correlación de fuerzas rumbo a octubre 2019.

Sin embargo, el otro 60% de no participantes es el que debería concentrar nuestra atención, que pueden explicarse en parte por el contexto histórico en el que se dan estas inéditas elecciones primarias.

Primero, el desconocimiento de la norma y el sentido de las elecciones primarias por una gran parte de la ciudadanía. Una mala campaña informativa del OEP, que carga con su propia crisis, pero también de las direcciones partidarias opositoras que hicieron campaña en contra del proceso electoral.

Segundo, el que el propio MAS a través de sus direcciones no hizo una campaña nacional, por no terminar de entender las dimensiones político-democráticas de la elección primaria del binomio Evo-Álvaro, y dar por sentado que la elección real se dará en octubre.

“Las primarias obligaron a acelerar el proceso de definiciones y de alianzas políticas, poniendo de manifiesto en primera instancia el que el MAS tiene fortaleza en torno a un liderazgo fundamental”

Tercero, las propias normas electorales han cambiado el espectro de los votantes, como el que por primera vez en elecciones el día de votación es un día normal en cuanto a movilización y circulación vial, además de no existir ninguna presión económica para la votación en tanto que es voluntaria, e igualmente que los binomios puedan ser habilitados con un sólo voto para ser los candidatos hacia las elecciones nacionales.

Cuarto, el que nos encontramos en un momento político de declive en la participación social y en la movilización política, generada autocríticamente por los propios espacios de representación política de la mayoría, además del descontento de algunos sectores y organizaciones sociales que se encuentran en disputa por los espacios de representación rumbo a octubre.

¿Y la democracia?

Finalmente, para una reflexión de fondo, ¿tenían razón de ser estas elecciones primarias, que contaron aproximadamente con un 30% a 40% del electorado habilitado y que ya tenían los binomios definidos por cada tienda política? Para la oposición, que buscaba sustentar su posición de escaso respaldo representativo, no se justifican los recursos empleados, y mencionan demagógicamente de que podrían haberse invertido en necesidades más sentidas por la población, que es como decir que la democracia es una mala inversión.

En definitiva, para qué consultar si las decisiones están ya tomadas y no admiten dimisión alguna. En realidad, lo que se afirma es que la forma caudillista de la política es la que debe prevalecer por sobre los contenidos democráticos que se proponen. Es interesante leer entre números en esta primera experiencia de elecciones primarias de que los partidos opositores que convocaron a no votar o habilitarse por un voto, tuvieron votantes de su militancia, aquellos que consideraron que su opinión puede ser importante más allá de las decisiones cupulares. También los números hablan de que en el marco de sus escasas votaciones existió un porcentaje importante de blancos y nulos, que están expresando una opinión sobre las decisiones internas o la democracia interna que los propios partidos en formación deberían poner atención. Además de que el proceso le permitiría a cada representación política afirmarse en tornos a sus representantes y construir consensos con quienes se resisten a ellos, en el marco de la democracia interna de cada organización política.

Del mismo modo, repasar la constitución de las democracias en el mundo para afirmar que la democracia es cara, porque cuesta consultar al pueblo no sólo sobre quiénes serán los gobernantes, o sobre las acciones que éstos realizan, o sobre si el pueblo que tiene una posición política se siente consultado sobre las decisiones internas de sus partidos; en definitiva, es un acto de reconocimiento del poder que tiene el ciudadano que otorga representación a quienes pueden ser sus candidatos o bien los gobernantes que fuesen elegidos. Para una mirada caudillista y autoritaria siempre serán más fáciles y operativas las decisiones cupulares, a nombre de que quienes saben y eligen bien por todos; por eso se presenta como dispendioso consultar a la ciudadanía, es una suerte de discriminación señorial que establece que el pueblo no tiene opinión “responsable”, y a lo más que puede llegar aun en democracia es a ser beneficiario de lo que hacen y deciden quienes “están capacitados” para administrar el poder. Esta visión colonial es la que confrontamos históricamente con el proceso de construcción de la democracia intercultural, y en la que las reglas, la legislación y las instituciones deberían paulatinamente sentirse expresadas para hacer el nuevo país que queremos todos y todas.